Hoy cumplo 52 años. Para todos los de mi generación, consciente o inconscientemente, habrá resonado en vuestra cabeza una respuesta a coro, gritando… ¡Abarrotá!
Como decía, hoy cumplo 52 años y celebro mi primer cumpleaños, “con mi mamá en el cielo”. Descansa en Paz desde el pasado 24 de abril (2026).
¿Por qué digo “con mi mamá en el cielo” y no “sin mi mamá”?
Porque, como ya os comenté en su día (y no quiero cansinear con lo mismo), si alguien he conocido en mi vida que se haya ganado con creces su lugar en el banquete celestial, esa es mi mamá; por eso prefiero decirlo así, en positivo, en verde, con esperanza, como siempre ella me ha enseñado en mi vida… ¡positivo, siempre positivo!
Ella sigue aquí, en mi corazón, ¡en nuestros corazones! lo único que no está físicamente, descansando ya de sus innumerables y crecientes dolencias. Por eso DEP pero sigue refrescando mi día a día, como si aquí estuviera ¡porque aquí está, en mi corazón!
Su insistente y constante recuerdo…
En sus últimos meses, mi mamá (como buena persona de 81 añicos) ya mostraba cierto deterioro cognitivo, en esa primera etapa “graciosa” (por decirlo de forma positiva) en que repetía constantemente lo mismo, una y otra vez.
Y este era uno de esos “recuerdos” que me repetía en cada tertulia, de cada desayuno:
“Ay Manolo, cómo me acuerdo de cómo estaba la habitación cuando naciste… ¡Estaba abarrotá! no cabía un alfiler en la habitación”
Yo estaba allí, pero no nos engañemos, no me acuerdo de nada de ese día… ja ja ja
Lo que sí sé, es que eso fue un hecho y es verdad. No cabía un alfiler en la habitación, pero no porque yo fuese especial, esa habitación estaba a reventar por lo que siempre ha pasado alrededor de mis padres, desde su juventud en soltería, hasta el último minuto de su vida matrimonial:
¡Todos les quieren y aman tanto que no iban a dejarlos solos en una ocasión tan especial, como la del nacimiento de su primer hijo varón!
Ya habían tenido dos ocasiones de igual o mayor categoría, como el nacimiento de mis estupendas hermanas, pero hoy es mi cumple y nos centramos en mí… je je je
Por defecto profesional y creativo, siempre visualizo en mi mente las escenas que me van contando en la vida, y ésta me la imagino perfectamente, poniendo rostros concretos y expresiones concretas, de las amistades y familiares con los que he ido creciendo y seguramente fueron testigos presenciales de aquellas primeras horas de vida mías. Porque algo parecido ya pasó cuando, con 20 años, casi me mato repartiendo pizzas con la moto y, al despertar de la operación… ¿Cómo estaba la habitación?… jjj
El objeto de estas líneas
Bueno, si has aguantado este pestiñazo de escrito por mi 52 cumpleaños, iré al grano y te contaré el objeto de esta reflexión:
No tengo ni idea de cuánto me quedará por vivir, si un día, dos décadas o cuatro… pero sí tengo claro que quiero ser como mi mamá y mi papá, quiero “amar y que me amen” tantísimo como ellos y a ellos. Desde la sencillez, la humildad, el amor,… ¡Vamos, como Dios manda!
A veces tengo mis dudas, porque no quiero hacer pasar a la gente el mal trago de la partida final, pero bueno, espero que, cuando llegue el día, sepan vivirlo con la misma confianza, esperanza y fe que estoy viviendo yo la marcha de mi mamá al cielo.
Así que (y ya termino) mi deseo para este 52 cumpleaños es que no me falte el aliento diario para “amar y dejarme amar”, que no me falte gente a la que querer y gente que me quiera, de modo que, cuando llegue mi hora de partir, esa habitación “también esté abarrotá” o dicho más bonito, como dijo Pedro Casaldáliga:
“Al final del camino me dirán: «¿Has vivido? ¿Has amado?» Y yo, sin decir nada, abriré mi corazón lleno de nombres”.
En resumen…
¡A vivir amando, que son dos días! 🥳❤️
